Recientemente Adecco ha publicado un estudio en el que se afirma que el 78% de los directivos de la administración pública consideran que los procesos de selección que se llevan a cabo actualmente son poco o nada eficaces.
Los argumentos que alegan son los siguientes: las plantillas del sector público son poco flexibles, los empleados públicos presentan una alta resistencia al cambio y, además, están poco motivados.
Los problemas que indican supondrían un grandísimo quebradero de cabeza para cualquier empresa privada, pero en este caso, al tratarse de las instituciones públicas, los fallos que puedan provocar se cubren con el dinero público. ¿Cuánto se ahorraría si cambiáramos esta situación?
La alta resistencia al cambio implica que los empleados se resisten a modificar su habitual forma de trabajar por métodos alternativos, que en ocasiones sólo pretenden realizar los trámites de una manera más eficaz. La motivación es el problema principal de prácticamente cualquier empresa, sea privada o pública, una persona poco motivada por su trabajo produce mucho menos y su trabajo es de menor calidad, además de todas las enfermedades laborales que la falta de motivación puede ocasionar. Por último, el hecho de que las plantillas sean poco flexibles indica que se adaptan con mucha dificultad a los cambios de la oferta y la demanda, y por tanto, no responden a las necesidades de los clientes, en el caso del sector público, el exceso de burocracia favorece la aparición de este problema.
La culpa de todos estos defectos en el sistema se achaca al proceso de selección de los funcionarios, obviamente, cada puesto de trabajo público tiene su propio sistema de selección, pero lo habitual es que la asignación de la plaza se designe a través de un sistema de puntos. En muchas ocasiones, se valoran aspectos que poco tienen que ver con la eficacia en el puesto de trabajo, y esto provoca que la gente que acceda al puesto no sea la que mejor encaje en el mismo. ¿Habría que modificar el sistema de selección? A la vista de los datos parece que no queda otro remedio que adaptarse al sector privado en este sentido.
Es un hecho que la típica imagen del funcionario tomando café durante una hora está cada vez peor vista y tiene los días contados, ya que el 39% de los encuestados considera que la Reforma Laboral puede modificar esta tendencia. Habrá que seguir atentamente la trayectoria de los RRHH en el sector público, pero todo apunta a una gran revolución en los sistemas de selección.

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